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nuestrocuaderno

Categoría: Lengua y Literatura

09/11/2007 GMT 1

Buenos anuncios

crazy @ 13:08

Encuentra alguno como éste en www.youtube.com.

Vete colocándolos con su correspondiente enlace aquí:

Cola Cao

Fontaneda

Danone

Amstel

Renault

foto1r.jpg

21/10/2007 GMT 1

Hijo de la luna- Mecano

crazy @ 19:02

Ve el siguiente video.

¿Seguro que entiendes la canción?

Cuento apolillado

crazy @ 18:57

¡Complétalo!

09/10/2007 GMT 1

Oración simple

crazy @ 11:45

oracion-simple.jpgEntra, ve seleccionando la información más importante, y realiza las actividades interactivas.

Las oraciones se clasifican en: Atributiva, Pedicativa, Impersonal.

El Atributo es el complemento que aparece en las oraciones copulativas:

Ej: Carlos parece enfermo.

En las predicativas distinguimos Objeto Directo, Indirecto y Circunstancial:

Ej: Carlos le compró un regalo a Antonio en El Corte Inglés.

01/10/2007 GMT 1

Acentos y puntuación

crazy @ 09:30

Pincha aquí y aprende un poco de ortografía.

26/09/2007 GMT 1

¡¡¡Oh, no, ma topella!!!

crazy @ 07:52

tortola.jpg

zorro.bmp

pavoreal1981.jpg

Pato: parapa, tita, grita, grazna.
Ganso: grazna, grajea, urajea, vozna.
Loro: garre, carretea.
Becerro: garre, carretea.
Rana: croa, groa, charlea.
Abeja: zumba.
Serpiente: silba
Grillo: grilla, chirría.
Buey: muge.
Cochinillo: guañe.
Zorro: aúlla, guarrea.
Toro: brama, muge, bufa, aturnea.
Grulla: gruye.
Liebre: chilla.
Pavo: gluglutea, tita.
Elefante: barrita, berrea.
Pantera: himpla.
Perdiz: cuchichia, titea, ajea, serra.
Tórtola: arrulla.
Grajo: grazna, grajea, croaja, crocita.
Lobo : aúlla, ulula, otila, guarrea.

25/09/2007 GMT 1

Onomatopeyas

crazy @ 10:35

Pincha aquí y dinos qué verbo describe el sonido que emiten los siguientes animales.

pato
ganso
: grazna, grajea, urajea, vozna
loro
becerro
rana
abeja
serpiente
grillo
buey
cochinillo
zorro
toro
grulla
liebre
pavo
elefante
pantera
perdiz
tórtola
grajo
lobo

23/09/2007 GMT 1

Cuentos apolillados

crazy @ 16:11

Alguien se ha llevado las palabras que faltan en estas líneas.
Colócalas de nuevo en su lugar.
Contra el cielo de un azul intenso, destacaban las luminosas cimas nevadas de los montes, por donde los viajeros avanzaban sin prisa, porque a esa altura no tenían suficiente oxígeno. Descansaban con frecuencia, para que los pulmones se acostumbraran. Les dolía el pecho, los oídos y la cabeza; sufrían náuseas y fatiga, pero ninguno de los dos mencionaba esas debilidades del cuerpo; se limitaban a controlar la respiración, para sacarle el máximo de provecho a cada bocanada de aire.
Iban en busca de aquellas raras plantas que sólo se encuentran en el gélido Valle de los Yetis, y que eran fundamentales para preparar lociones y bálsamos medicinales. Si sobrevivían a los peligros del viaje, podían considerarse iniciados, ya que su carácter se templaría como el acero. La voluntad y el valor eran puestos a prueba muchas veces durante esa travesía. El discípulo necesitaría ambas virtudes, voluntad y valor, para realizar la tarea que le esperaba en la vida. Por eso su nombre era Dil Bahadur, que quiere decir «corazón valiente» en la lengua del Reino Prohibido. El viaje al Valle de los Yetis era una de las últimas etapas del duro entrenamiento que el príncipe había recibido por doce años.

Escoge otro texto y vuelve a intentarlo. ¡Cuidado con el tiempo!.

Al día siguiente todos esperábamos la nota de nuestro examen. Yo me imaginaba a la sita Asunción diciendo: «Manolito García Moreno, un 10 como una catedral.»

Me imaginaba llegando a mi casa con mi 10 y me imaginaba a mi madre contándoselo a la Luisa: «Mi Manolito ha sacado un 10 como una catedral.» Pero no fue así, la vida real nunca coincide con mis proyectos mentales. La sita Asunción llegó a la clase y en vez de empezar a repartir dieces, empezó a repartir cartas. Nadie se explicaba por qué. Fuimos diez niños los que tuvimos nuestro sobre: Yo, El Orejones, la Susana, Arturo Román, Jessica la exgorda, Paquito Medina y otros cuatro que no conoces. La sita dijo por fin: -Sois tan tontos que no sabéis ni copiar. Resultó que la sita nos había pillado. Resultó que Paquito Medina tuvo un fallo mortal y se equivocó de pregunta, en vez de escribir sobre los estados líquidos y los gaseosos, escribió sobre las capas de la atmósfera, ya sabes, la estratosfera entre otras. Paquito Medina se había equivocado y los demás éramos tontos, lo dijo la sita Asunción. Y quería que nuestros padres se enteraran de que, por no saber, no sabíamos ni copiar. Por primera vez, se enfadó con Paquito Medina porque, según mi sita Asunción, dejarse copiar también es de tontos, y que un niño tan listo se equivocase de pregunta era imperdonable. Paquito Medina ha perdido puntos, la Academia Sueca ya no le concederá este año el Premio Nobel. Elvira Lindo.

Volvía yo en una ocasión a casa, quién sabe de qué lugar remoto, hacia las tres de una oscura madrugada de invierno. Mi camino me llevó a atravesar un barrio de la ciudad en que lo único que se ofrecía literalmente a la vista eran las farolas encendidas. Recorrí calles sin cuento, donde todos dormían, iluminadas como para un desfile y vacías como la nave de una iglesia, hasta que me hallé en ese estado en que un hombre escucha y escucha y comienza a desear que aparezca un policía. De pronto vi dos figuras, una la de un hombre de corta estatura que avanzaba a buen paso en dirección al este, y la otra la de una niña de unos ocho o diez años de edad que corría por una bocacalle a la mayor velocidad que le permitían sus piernas. Pues señor, como era de esperar, al llegar a la esquina hombre y niña chocaron, y aquí viene lo horrible de la historia: el hombre atropelló con toda tranquilidad el cuerpo de la niña y siguió adelante, a pesar de sus gritos, dejándola tendida en el suelo. Supongo que tal como lo cuento no parecerá gran cosa, pero la visión fue horrible. Aquel hombre no parecía un ser humano, sino un autómata horrible. Le llamé, eché a correr hacia él, le atenacé por el cuello y le obligué a regresar al lugar donde unas cuantas personas se habían reunido ya en torno a la niña. El hombre estaba muy tranquilo y no ofreció resistencia, pero me dirigió una mirada tan aviesa que el sudor volvió a inundarme la frente como cuando corriera. R. L. Stevenson

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